¿Quién soy?

A menudo sufrimos porque no somos lo que esperamos ser, nos planteamos exigencias ideales e inalcanzables sobre nosotros mismos que nos mantienen en un estado de sufrimiento, frustración, enfado. Queremos definirnos, cumplir con esas etiquetas que se han orquestado para definirnos.

Cuando pienso ahora en mí, en quién soy, no pienso en etiquetas, no necesito definirme. Es una sensación nueva, en este momento soy capaz de echar la vista atrás y ver que hasta ahora parecía importante tener un personaje definido para responder a la pregunta ¿quién soy?

Y tú, ¿quien eres? ¿qué estás eligiendo  para ti?

Me doy cuenta que esto me provocaba malestar porque el hecho de tener que crear un personaje construido a partir de mil etiquetas me alejaba de quien realmente era yo. Las etiquetas, el personaje, las definiciones, vienen de fuera de mí, son constructos sociales y familiares. En definitiva, son conceptos ya definidos.

pensadores en el mar

Si tratamos de vernos a nosotros mismos como algo ya definido que tiene que encajar en algún sitio, ¿dónde queda la expresión de nuestro ser? ¿dónde queda la creatividad? ¿por qué tenemos que limitarnos?

Cuando pienso en quién soy yo, tiene muy poca importancia todas esas definiciones, incluso tiene poca importancia el yo. No quiero decir que el lenguaje, los conceptos y las etiquetas no tengan una función vital para nosotros, que es facilitarnos la comunicación. Lo que quiero decir es que no podemos permitir que esto nos limite, nos encierre y no nos deje ver más allá. Primero soy y luego defino lo que soy, si es que lo necesito.

Para ser me responsabilizo de mi vida, me alejo de lo que no me interesa o de lo que no me aporta, del ruido mental.

Para ser me responsabilizo de mi vida, me alejo de lo que no me interesa o de lo que no me aporta, me alejo del ruido mental y me acerco a la consonancia conmigo misma, valoro lo que me hace sentir lo que me llena.

Desde aquí respiro profundo y elijo lo que me hace sentir bien, elijo quererme, cuidarme y respetarme, elijo entenderme darme espacio, elijo honestidad conmigo misma. Y tú, ¿quien eres? ¿qué estás eligiendo  para ti?

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Confianza en uno mismo

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“Un hombre debería aprender a detectar y contemplar ese relámpago de luz que le atraviesa la mente desde el interior de sí mismo, más resplandeciente que el brillo que dejaron en el firmamento los bardos y los sabios que le han precedido. Sin embargo, ese hombre deja pasar por alto su pensamiento tan solo porque es suyo.” Ralph Waldo Emerson: Confianza en uno mismo

Cuantas veces hemos sentido esta sensación que nos describe Ralph Waldo Emerson en su libro Confianza en uno mismo. Dejar pasar por alto tu pensamiento sólo porque es tuyo y no te merece demasiado respeto; permaneces abierto a las palabras de otros que pueden ser sabios o no serlo, pero le vas a conceder esa escucha y esa apertura por lo que puedan decir. Te vas a mantener silenciado aún cuando no compartes lo que escuchas, incluso cuando no te resulta indiferente y te está causando daño.

Sin embargo, con esa idea que aparece como une relámpago de luz atravesando nuestra mente desde el interior de nosotros mismos, con esa iniciativa de poner voz, no vamos a ser tan amables. No hay confianza en nosotros mismos, no confiamos en que podamos tomar la palabra y tener algo bueno que decir, algo útil, algo interesante… eso quedó descartado hace tiempo. Se ha convertido en una forma de estar y de no ser.

La búsqueda de nuestra seguridad en otras personas es una búsqueda que nunca termina porque Porque nadie puede ser por ti.

Cuando no respetamos nuestra voz o ni si quiera la escuchamos, cuando pensamos y buscamos el sentido fuera de nosotros mismos sin tener en cuenta lo que nosotros somos y las necesidades que ese ser uno mismo requiere, probablemente es porque tenemos la confianza en nosotros mismos dañada y por ende nuestro sentir, nuestro deseos y nuestra satisfacción. Con esta filosofía operativa nunca nos sentimos bien con nosotros mismos.

La búsqueda de nuestra seguridad en otras personas, en otros lugares, en otros saberes, es una búsqueda que nunca termina porque pretende llenar un vacío de ser que nunca se completa. Porque nadie puede ser por ti.

Por exceso y por defecto la confianza en uno mismo se convierte en una trampa para nuestra vida. Por defecto porque los ojos miran con temor, desconfiados, la interpretación siempre hace daño y nunca somos lo suficiente para ser vistos; por exceso porque somos muy grandes, más grandes que los otros, arrogantes con una vida que se nos queda pequeña para todos los atributos que creemos tener.

La confianza en uno mismo desde el asesoramiento filosófico se trabaja dejando que hable mi ser esencial.

Ninguna de las dos graduaciones nos da un conocimiento real de lo que somos y de nuestra circunstancia. Este enfoque alejado de la realidad nos impide vivir conscientes, con los pies en la tierra y los ojos despiertos. Por tanto vivimos otra realidad producto de nuestra interpretación sesgada del mundo. Esto nos lleva a sentirnos pequeños, frustrados, cegados, superiores, desconectados, insatisfechos..

La confianza en uno mismo desde el asesoramiento filosófico se trabaja desde el análisis de nuestra filosofía operativa, de nuestras creencias limitadas, poniendo luz en esos espacios que queremos llenar y dejando que hable mi ser esencial. A través de un ejercicio de aceptación y vulnerabilidad. Esto es lo que se considera una actitud filosófica compromiso y disposición para ver las cosas tal y como son.